La tarde del 14 de agosto es un día especial: es aquella de S’essida de sos Candhaleris en Nulvi.

Nulvi es un antiguo y encantador pueblo de Anglona, situado en la región histórica de la Cerdeña centro-septentrional, no lejos del mar de Castelsardo. La atmósfera en el pueblo empieza a estar muy animada a principios de agosto, quizá antes, cuando los días se interrumpen por los ritmos cálidos del verano.

Son tres los candeleros de Nulvi, y representan la maestría que ha caracterizado históricamente la economía local. El de los pastores es verde como lo son los campos en primavera. Es el primero al salir de la iglesia de San Filippo y el último al entrar en la Iglesia de Assunta. El más grande es azul como el cielo de agosto, es el segundo durante la procesión. El de messajos es amarillo como los cultivos, el último en salir y el primero en entrar en la iglesia.

Los candeleros, delicadamente esculpidos y pintados, están rodeados de banderines y rosas de papel maché a modo de ofrenda. Pesan unos 8 quintales y miden 9 metros de alto. Para sujetarlos sobre los hombres, por las calles del centro histórico, hacen falta grupos de 16 hombres. Se ayudan de los que les dirigen, con cuerdas gruesas, que les da estabilidad y que les acompañan cuando se sientan y se recuperan, repetidamente y con gran emoción, en las callejuelas estrechas del pueblo.

Parece ser que la fiesta tiene su origen en el siglo XII para rendir homenaje a la Virgen Assunta por la liberación de la peste en el pueblo. Desde entonces, toda la comunidad renueva el antiguo voto a la Virgen con profunda fé.

La para los portadores es inmediatamente después del almuerzo, en la Iglesia de San Filippo, que, delicada y antiquísima, custodia los candeleros. Aquí se vive la espera, la intensa emoción y la felicidad de la fiesta, que marca el paso de los años… Se preparan para el gran esfuerzo y el infinito honor de acompañar por las calles del pueblo los inmensos Candeleros.

Atraviesan las calles del centro histórico y, algunas estrechisimas, ponen a prueba la maestría, la delicadeza y el trabajo de precisión y de equipo de los portadores.

Fijan el ritmo en voz alta, parando en varios puntos, incluyendo la plaza frente a la iglesia y el convento de San Antonio, conocido por los habitantes de Nulvi como Cunventu ‘e subra, donde se canta un emocionante canto a la Virgen y alaban su nombre una y otra vez…

Una vez que se llega a la plaza de San Antonio, se descansa, se brinda y se prepara para afrontar la fuerte bajada que desemboca en la avenida principal, para después tomar, al final del camino y después de otra parada, la fatídica y emocionante entrada a la iglesia.

En la Iglesia de Assunta, durante 7 días, los Candeleros acompañarán y observarán a la Virgen, y serán visitados cotidianamente por el pueblo de Nulvi. El octavo día, los Candeleros vuelven a la Iglesia de San Filippo, esperando que llegue nuevamente el 14 de agosto.

La celebración de los Candeleros es una fiesta emocionante, intensa… La he visto muchas veces, he seguido los Candeleros en el laberinto de callejuelas del centro histórico, sufriendo en los rincones más inaccesibles, saboreando la intimidad de los más ocultos, con una fuerte carga de adrenalina que acompaña el ritmo de cada paso…

 

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