En el norte de Cerdeña, está el pueblo de Aggius en Gallura. Habitado por poco más de 1500 almas, emerge de una zona paisajística increíble, intercalado entre rocas de granito y una vegetación exuberante.

Su historia es antigua y las tradiciones, aquí, siguen estando bien vivas. Un pueblo ordenado y cuidado, cuyo centro se caracteriza (como gran parte de los pueblos gallureses) por ser casi todo de granito.

A menudo paso por Aggius y esta vez he tenido el tiempo de pasear con calma y, sobre todo, de visitar con calma el famoso “Museo del Banditismo” que hacía tiempo que deseaba conocer. El museo surge en un palacete del centro histórico, de granito y reformado, sede de la representación del antiguo gobierno. Cuando se accede se retrocede en el tiempo. La historia que se narra dentro es la de una comunidad que ha sido el epicentro del bandolerismo de la mitad del 1500 (bajo el dominio de los españoles) hasta la mitad del 1800 (bajo el dominio de los Saboya).

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Museo del Banditismo en Aggius en Cerdeña

Muy a menudo, y sobre todo, en los siglos pasados, la figura del bandolero estaba envuelta en un velo de leyenda, y se asimilaba a hombres desafortunados, caídos en desgracia por oponerse a una injusticia. Por este motivo la población estaba acostumbrada a apoyar la fuga del bandolero. Existen, de hecho, numerosas historias que narran la vida y desventura de bandoleros “buenos” entre algunas de las lecturas apasionantes de mi adolescencia.

El museo se articula en varias secciones: en la primera sala sobre la ventana está reproducido el viejo mueble de una típica barraca y están expuestas de una manera sugerente, las fotos de los delincuentes, acompañadas de la reseña biográfica, nombres y proveniencia. Impresiona leer apellidos familiares, pueblos de origen y asociar sus caras rudas, ajadas, curtida y sus crímenes.

Dentro hay una rica exposición de armas, finamente grabadas casi como joyas, algunas de las cuales utilizadas por los bandoleros de la zona, y utensilios necesarios para defenderse y sobrevivir en los bosques, lejanos de la “seguridad y comodidad” del núcleo habitado.

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Museo del Banditismo en Aggius en Cerdeña

Numerosos documentos, ligados al periodo español y saboya, cuentan de las ejemplares condenas a muerte y trabajos forzados a los que eran sometidos. Se pueden tocar con la mano, además, ropas usadas por los bandoleros y algunos objetos personales del famoso Sebastiano Tansu, el Mudo de Gallura, conocido por ser de los bandoleros más feroces de la época. Hay muchas leyendas que giran en torno a la vida de “el Mudo”. Se cuenta que se dio a la mala vida para vengar el asesinato de su hermano. Entre los libros más conocidos que cuentan su vida quizás el más antiguo, es el del historiador sassarese Enrico Costa.

Por las calles del centro, en el entretejer de callejones, es hermoso caminar en busca de los portones pintados, que reproducen fantasías y geometrías típicas de las alfombras de Aggius, donde el arte textil tiene orígenes remotos. Aparecen repentinamente, casi escondidas, cuando no se esperan, ahí están, para desvelar o recordar el arte antiguo, saber atávico de sus mujeres, que ha sabido resistir y renovarse en el tiempo…

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Por las calles de Aggius en Cerdeña
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Por las calles de Aggius en Cerdeña

Además hay catorce telares de aluminio sobre un fondo de color, puestos sobre las fachadas de algunas casas. Se remontan al 2008, en ocasión del proyecto artístico de María Lai “Essere è tessere” donde, durante un día entero, los vecino de Aggius y aquellos que quisieron participar, se reunieron en torno a los telares, símbolo de la comunidad.

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Por las calles de Aggius en Cerdeña

En la web del Museo de Aggius se lee: “El recorrido inicia en el Parque Alvinu, en el que el visitante es acompañado por la voz de Marta Gabriel que recita textos de María Lai ideados para la ocasión. Atravesando las calles y plazas del centro donde se desarrollan distintas actividades se llega al punto final: la plaza del Rosario. Llegados al Parque Alvinu, los niños guiados por un ángel y por un hada de color turquesa (el hada del arte), han recitado las aleluyas de M.Lai y han jugado a la oca; después el itinerario ha seguido hasta la plaza de la Campana donde, desde un balcón, una chica ha entonado una nana en dialecto corso-gallurese. Un poco más delante, en el umbral de una puerta, el actor Michel Rocher ha recitado una poesía de Walt Withman. Mientras los niños estaban envueltos en los juegos y las canciones, las mujeres del lugar mostraban, en las diez paradas del trayecto, las fases de la hiladura de la lana, de la elaboración de la urdimbre y de la elaboración de las que hacían gala idealmente las instalaciones de María Lai colocados en el mismo espacio. Cuadros, tapices, pensamientos y letras del alfabeto ricamente con hilos colorados, cabras en miniatura y sobre todo los catorce telares metálicos animaban el pueblo”.

La jornada ha tenido un feliz epílogo con una rica sopa gallurese regada con buen vino. Después me marcho, hacia tierras lejanas…

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